31/08/2026 VÍAS VERDES DEL ACEITE Y DE LA CAMPIÑA CORDOBESA

VÍAS VERDES DEL ACEITE Y DE LA CAMPIÑA CORDOBESA
VÍAS VERDES DEL ACEITE Y DE LA CAMPIÑA CORDOBESA

VÍAS VERDES DEL ACEITE Y DE LA CAMPIÑA CORDOBESA

Esta líneas pretenden reflejar la aventura que durante los días que van del 31 de agosto al 08 de septiembre, realizamos en btt los miembros del Club Ciclista Ebro (Juan Carlos, Ivo, Leopoldo y Francisco) por tierras andaluzas.
La idea partió de Ivo que tras recorrer el año pasado el tramo Santander – Mediterráneo hasta Zaragoza, planteó hacer algo por Andalucía y me puse a ello sin mucho afán por ser desconocedor de las rutas que existen por territorios tan alejados de nosotros.
Al final “descubrí” la Vía Verde del Aceite que tenía muy buena pinta, une las provincias de Jaén y Córdoba con una longitud de 130 km aprox., la pega era tener que desplazarse casi 700 km. para un recorrido relativamente corto, así que buscando, buscando encontré la Vía Verde de la Campiña Cordobesa, discurre por las provincias de Sevilla y Córdoba con una longitud de 92 km (siempre son más). Con esas dos Vías Verdes definidas, estaba el reto de unirlas y trazar una circular con salida y destino en Jaén, ya que no tendríamos coche de apoyo y hay que ser auto suficientes transportando el equipaje (o sea, “alforjeros”).
La ruta una vez “depurada”, anunciaba 407 km. con 3.651 m.d.a, que se haría en 6 etapas con un día de descanso en Córdoba y dos días de viaje en coche.
Después de dar el beneplácito a la ruta planteada, se estableció finales de mayo/principios de junio para realizarla pero la mala suerte hizo que Leo tuviera que estar recuperándose de una rotura de clavícula causada por una rama cuando circulaba por el carril bici cerca de su casa, por lo que se tuvo que posponer para la fechas citadas al principio (no sabíamos lo que nos esperaba).
Por fin, a las 7:00 h. del lunes 31 de agosto, después de meter las bicis y el equipaje en la furgoneta de Juan Carlos, emprendemos rumbo a Jaén donde dormiremos y de donde empezaremos a pedalear, (Leo comparte coche con Ivo).
Parada en Medinacelli para coger algo de fuerzas, y en Puerto Lápice para hidratar y repostar, llegamos a Jaén a las 14:15 h., nos guardan las bicis en un almacén de bebidas, nos registramos, subimos las alforjas a la habitación y bajamos a comer un excelente menú del día por 16 €, después siesta con el aire acondicionado a todo trapo y breve visita turística por Jaén (Juan Carlos tiene la rodilla tocada y declina el paseo), a paso cansino y sudando a mares, buscamos un parking para el coche de Leo porque no lo quiere dejar toda la semana en la calle al sol, encontramos uno a 18,70 € el día, (150 € la semana) como no es hora de oficina, nos dicen que llamemos al día siguiente cuando abran haber si nos pueden hacer alguna oferta por dejarlo toda la semana, luego un bocata y a dormir.


Martes 01 de septiembre: Jaén – Zuheros

A las 7:30 estamos en recepción, desayunamos y después de la foto, empezamos el viaje que nos traerá al punto de partida dentro de siete días, todos los nervios que he tenido estos últimos días, desaparecen con las primeras pedaladas por el casco urbano.
Tenemos que preguntar varias veces hasta que encontramos la Vía Verde, la señalización es bastante escueta y confusa, ya con buen firme encontramos a gente que aprovecha las primeras horas del día para hacer deporte sin el agobio de los coches, (la eterna bocina de Juan Carlos, dará la nota durante los siguientes días) algún pequeño despiste en Torre del Campo pero sin ningún problema.
Todo el camino discurre entre mares de olivos a izquierda y derecha hasta donde te alcanza la vista, el olor característico a jámila (alpechín) lo impregna todo, les digo a mis compañeros que nos acompañará durante toda nuestra estancia, personalmente me trae recuerdos de los años que he pasado en vacaciones (mi esposa es de Jaén).
Vamos atravesando viaductos metálicos, algunos emblemáticos del siglo XIX cuya estructura fue construida en Creil (Francia) por los ingenieros Dayde&Pillé, conocidos por haber sido discípulos y continuadores de la escuela de Gustave Eiffel y túneles perfectamente iluminados y con buen piso, pasamos por Torredonjimeno y Martos, vemos desde lo alto el embalse de Vadomojón, el calor es importante y llegamos a la estación de Luque ya en la provincia de Córdoba, la parada es obligatoria, aunque estamos cerca del destino no hay manera de pedalear en condiciones (el Garmin marca 40º), la antigua estación se ha convertido en un bar/tienda/restaurante/hostal, con una decoración muy cuidada, conservando viejos vagones y locomotoras así como los rótulos de las dependencias en porcelana esmaltada.
Unas cervezas y unas barritas nos reponen para afrontar los últimos km., la Vía Verde sigue pero nosotros debemos abandonarla para subir al pueblo de Zuheros, es solo un km y medio del cual, los últimos 300 metros los hacemos empujando las bicis por las calles empedradas (Ivo tiene una caída sin consecuencias).
Al final han salido 74 km con 574 de desnivel y 4:52 h de pedaleo efectivo.
Empieza la rutina de registrarnos y guardar las bicis en un amplio local a 50 m. del hotel, ducha y bajar al restaurante a comer un estupendo menú a 15 €, un servicio exquisito y degustación de aceite incluida, el sitio es muy acogedor.
Cuando el calor ha bajado un poco (solo un poco), y tras las dos horas de siesta, hacemos una visita turística al pequeño pueblo de 650 habitantes que está encajonado en la ladera de un monte con unas vistas impresionantes y un no menos impresionante castillo (lo que queda de el).
Juan Carlos se queda en la pequeña pero chulísima piscina del hotel a la que iremos después del paseo, por cierto con una agua fresca, fresca que tonifica y te deja nuevo.
Después del baño aún convencemos a Juan Carlos a tomarnos una cerveza antes de cenar en la plaza al lado del castillo que está iluminado, y con un extenso panorama donde las luces de las poblaciones emergen como islas entre el mar de olivos.
La cena igual que la comida a 15 € y de nuevo excelente (es el mismo menú), son las 23:00 h. cuando nos vamos a dormir.

Miércoles 02 de septiembre: Zuheros – El Rubio

Partimos a las 8:30 h. pues la cafetería no abría antes, el desayuno es pantagruélico:bollería, zumos, embutido, fruta y todo lo que se te ocurra (estaba incluido en el alojamiento, fue el precio más elevado 40 € por persona, pero se compensaba sobradamente por las instalaciones y el trato tan atento y amable).
La salida es brutal cuesta abajo sujetando las bicis para que no se lancen por las empinadas calles (17%), enseguida estamos en la Vía Verde, cruzamos un espectacular viaducto y atravesamos Cabra en cuya estación nos detenemos, al igual que en Luque también tiene locomotoras y vagones antiguos, en 2024 se inauguró un albergue con bar-restaurante, un alojamiento orientado a ciclistas, senderistas y peregrinos (pasa el Camino de Santiago Mozárabe con un cartel que indica 1.091 km a Santiago). esta vez sólo hacemos fotos, pasamos por Lucena y Moriles antes de llegar a Puente Genil donde acaba esta primera Vía Verde del Aceite.
La demora en salir nos está pasando factura, llegando a Puente Genil dos beteteros nos preguntan que hacemos tan lejos de casa, después de hablar un buen rato, uno de ellos tiene la amabilidad de evitarnos cruzar la localidad y tras superar un rampón de más de 3 km. nos deja en el GR-240 con destino a la localidad de Herrera, al despedirnos le damos las gracias y resulta que es guardia civil destinado en la localidad, aún nos recomienda un par de bares para tapear en la próxima parada.
El calor es insoportable (eso creemos), el Garmin marca 42º y todavía nos quedan 22 km. de rompe-piernas unos 9 de pista en buen estado y el resto de carretera, buscamos el bar recomendado y está cerrado, buscamos el segundo con los mismos resultados, está el pueblo desierto y cuando ya estamos a punto de tirar la toalla, una gasolinera nos salva la situación (me imagino lo que puede ser un oasis en el desierto).
Cervezas y cocacolas (Ivo se preta un fino con un par), olivas, algo que me ha sobrado del desayuno y barritas, con eso afrontamos el último tramo de la etapa (ni un metro llano), atravesamos Marinaleda y llegamos a El Rubio (un “pequeño” pueblo de 3.200 habitantes ) a las 14:00 h. literalmente “muertos”, las dos últimas horas han sido durísimas).
Han salido 82 km. un par más de lo planeado y sólo 324 m.d.a. (afortunadamente 200 menos de los previstos, aunque estaban todos en los últimos 25 km).

Nos cuesta un poco encontrar el apartamento y también se demoran en traernos las llaves del mismo, que por cierto tiene un montón de escaleras (buenísimo para la rodilla de Juan Carlos), está súper limpio pero no tiene papel de WC.
Entre unas cosas y otras (dejar bicis, subir equipajes, ducharse, y buscar un bar), nos dan de comer casi por los pelos, cerca del apartamento, comida de menú, aceptable y de un precio que nos deja sorprendidos: 4 menús más las cervezas de antes, postre, cafés, cubata y una botella de Protos, todo por 70 €. (cenamos y desayunamos en el mismo sitio porque abren muy pronto y la intención es salir con las primeras luces).
Hacemos una colada y después de descansar y tender, salimos Ivo, Leo y yo en busca de papel higiénico, tarea que aunque parece fácil se complica más de lo previsto, tenemos que recorrer el pueblo entero preguntado porque está todo cerrado, y con el calorazo es penoso, al final lo logramos y nos damos un homenaje en forma de helado, aprovecho para hablar con el dueño del apartamento para decirle que voy a descontarle el precio del papel, me dice que sin problemas, y a los minutos me llama y por las molestias nos descuenta 20 € (ya lo dice el refrán: el que no llora……), cenamos y a las 23:00 en la cama.

Jueves 06 de septiembre: El Rubio – Écija

A las 7:00 h estamos desayunando, y media hora después dando las primeras pedaladas de la que será la etapa más dura de todas (de las más duras de mi vida ciclista), salimos con luces delante y atrás, la primera mitad discurre por asfalto hasta Marchena, paramos para hacernos una foto en la laguna de la “Turquilla”, que está totalmente seca, el calor a esas tempranas horas ya es tremendo.
Llegamos a Marchena y preguntamos en la Policía Local, donde se coge la Vía Verde de la Campiña y de paso, donde podemos desayunar, nos indica amablemente y a 100 metros, encontramos una bar lleno de gente ¡¡y de moscas!!, nunca había visto cosa semejante, literalmente se te comían, no había manera de dar un bocado ni un sorbo, la gente decía que llevaban así dos días, que nunca habían visto cosa igual.
No nos detenemos mucho tiempo, además faltaba la mitad del trayecto ya por la Vía Verde propiamente dicha y salimos después de aprovisionamos de agua .
Un parroquiano al que había preguntado y que también es ciclista me dice que tenemos que atravesar un par de pueblos antes de Écija, lo que nos da bastante confianza.
El recorrido de momento es una pista de tierra con rectas infinitas, la Vía Verde solo se adivina por las señales que la indican y que no hay más usuarios que nosotros, paramos en una especie de zona de descanso con unos árboles, mesas y bancos además de una fuente de la que sale agua caliente pero más fresca que la nuestra y con un montón de avispas, estando llegando a la localidad de Fuentes de Andalucía después de 18 kms desde Marchena y las moscas, (los últimos 8 en continua subida al 2%).
Leo se va al suelo sin consecuencias, parada obligada a beber algo fresco, rellenar bidones y tomar alguna barrita o gel, seguimos hacia La Luisiana con 4.600 habitantes, (donde llegamos tras otros 10 kms. eternos bajo un sol implacable y unas temperaturas que asustan siempre por encima de los 43º), paramos en el Mesón “Las Gemelas”, somos muy bien recibidos, nos informan de lo que nos queda y nos dan un lugar en Écija para cenar.
Nos queda un último empujón de otros 19 km, nos han dicho que pasaremos cerca de Villanueva del Rey, una pedanía de Écija de 300 habitantes, la localidad queda separada de la Vía Verde, y ante la duda de no encontrar nada abierto, se plantea seguir pues sólo restan siete km, con el Garmin marcando los 46º (nunca había visto esa cifra).
El cansancio acumulado tras más de 5:00 h. de pedaleo, unido al insoportable calor, la sed que no se calma con nada, el polvo que te deja la garganta como la lija y las pulsaciones disparadas hace que asomen palabras subidas de tono con la disputa entre entrar o no para tomar algo fresco (todo esto se pasará alrededor de unas jarras de cerveza fría en apenas media hora).
Todavía algo enfadados decidimos seguir adelante, por suerte los últimos km. son en franco descenso por un estrecho y algo peligros sendero pegado a la carretera (lo que ayuda enormemente a bajar pulsaciones y serenar los ánimos), ya en la ciudad de 40.000 habitantes, lo primero que hacemos es buscar un bar y paramos en el “Charrúa” que como su nombre indica es regentado por un uruguayo y su esposa, pedimos cervezas como si no hubiera un mañana y en ese momento se le acaba el barril y se eternizan cambiándolo, al final tienen que ser varios tercios los que calmen nuestra sed y nuestros ánimos, echemos unas risas y nos hagamos varias fotos brindando por haber finalizado esta etapa que recordaré como una de las más duras de mi vida como ciclista (y eso que las he pasado de todos colores), no tenemos prisa, cháchara con los dueños que nos indican como llegar al alojamiento, y hasta nos hacen un mapa (eso del mapa se repetirá).
Aún queda recorrer unos km. por el casco urbano hasta llegar al alojamiento, pero nos parece una visita turística después de lo pasado, han salido 93 km. con 5:27 h. de pedaleo y 440 m.d.a.
Llegamos al Hostal Santiago y nos dejan meter las bicis en un cuarto pequeño pero a pie de calle, lo que facilita mucho las cosas pues en la reserva, las bicis iban a la habitación (dadas las dimensiones de las mismas, no se como las hubiéramos metido), Leo tiene problemas con el soporte y toca buscar una tienda de bicis para ir esta tarde a solucionarlo.
Entre registrarnos, ducharse y tal nos dan las tantas y pasadas las 15:30 h. bajamos al restaurante a ver si hay algo para comer, por suerte tienen un menú económico y con raciones generosas y bien elaboradas, (la camarera una verdadera crack, contándonos chistes y de una amabilidad exquisita), vemos a Enric Más consolidar el liderato en la Vuelta a España, y nos echamos una gran siesta hasta las 20:00 h., con el aire acondicionado a todo meter.
Salir a la calle es una bofetada de aire caliente, cuesta respirar, posponemos una hora más el paseo, (mientras, Leo ha solucionado el problema y no le han cobrado nada), preguntamos por la dirección que nos dieron en La Luisiana y el bar en cuestión se encuentra a 10 minutos del Hostal.
Se llama “Cien Vinos”, tiene unas instalaciones espaciosas, luminosas y bien decoradas, todo el mundo parece que va de boda, menos nosotros con pantalón corto y camiseta, por su aspecto tiene toda la pinta de que te “claven”, pero hoy nos merecemos un homenaje así que padentro.
Nos pedimos varias raciones entre las que incluimos una de gambas blancas de Isla Cristina, cervezas y vino más postre por insistencia del camarero, que estaba buenísimo, el servicio es excelente, atentos y amables (cuando saben lo que estamos haciendo aún nos tratan mejor si cabe).
Hacemos una foto de grupo brindando para terminar el durísimo día de la mejor manera posible, (la calidad y el precio han sido magníficos, en Zaragoza hubiera costado el doble.
Se acerca la hora de irse a dormir pero nos da verdadero miedo salir a la calle aunque estamos tan cansados que recorremos los pocos cientos de metros hasta el hostal a ritmo cansino y aún así estamos empapados en sudor.
Las habitaciones son mínimas, pero a nosotros con una cama y aire acondicionado nos sobra el resto.

Viernes 04 de septiembre: Écija – Córdoba

Antes de salir, metemos presión y lubricamos la cadena, pasadas las 7:30 h. estamos en marcha, está todavía oscuro, hay tráfico pero tenemos buen tramo de carril bici, no nos cuesta mucho dar con la Vía Verde (preguntando se va a Roma).
Tras atravesar un puente sobre el río Genil y una pasarela elevada, vamos adelantando a los que salen temprano para hacer deporte (J.C. los saluda a todos con la bocina) y nos encontramos con varios km. de estacas que servían como delimitación de la Vía Verde que está prácticamente oculta por la maleza y totalmente impracticable.
En paralelo discurre una pista agrícola ancha y de buen firme, sin apenas movimiento, vamos subiendo continuamente durante los primeros 10 km., y nos metemos en el trazado original de la Vía Verde, el paisaje ha cambiado totalmente, campos de almendros y algodón con cortijos en medio de la nada, nos hacemos alguna foto y tenemos que preguntar de vez en cuando porque la señalización brilla por su ausencia cuando más lo necesitas.
No hemos parado desde la salida y ya es hora de hacerlo porque el calor es fuerte, la vía no atraviesa ninguna localidad y hay que salirse para regresar a la misma después, transitamos durante unos kms. por un infame terreno lleno de piedras y en subida constante, vemos el cartel de Guadalcazar y decidimos buscar un bar, cuando llevamos medio km. de subida sin ver nada más que casas cerradas pregunto y me indican que en otro km. más tenemos uno (al final te van saliendo kilómetros debajo de las piedras que no contabas con ellos).
Aprovechamos para comer, beber y descansar un rato, según los postes indicadores, faltan todavía 15 km. para el fin de la Vía Verde en la estación de Valchillón, llenamos los bidones en un dispensador de agua fría que nos indica la camarera, (en todos los establecimientos te ofrecen agua fría sin ningún problema, igualico que en Zaragoza).
Los últimos kms. pasan más deprisa, vamos contando los postes indicadores (cada 500m.), se empieza a divisar la ciudad de Córdoba, atravesamos un largo túnel sin iluminar y de firme infame en el que hay que tener cuidado por donde vas, circulamos entre unos largos cañaverales muy frondosos que bajan un poco la temperatura ya muy elevada a esas horas, vamos en suave descenso hasta llegar al Km. 0 dando fin a la Vía Verde de la Campiña Cordobesa.
Nos estrechamos las manos, y nos felicitamos por haber completado la segunda Vía Verde, hacemos muchas fotos y buscamos la dirección del hotel, Ivo nos baja de la nube al decirnos que estamos todavía a 10 km., la vía desemboca en una carretera y al poco empieza un cuestarrón de más de 2 kms. con desniveles del 6% que nos devuelve a la cruda realidad, vamos preguntado y nos metemos en una zona industrial con mucho tráfico y difícil de ciclar, Juan Carlos se va al suelo (sin consecuencias), al final y peleando entre los coches, conseguimos llegar a la calle donde está el alojamiento, paramos antes en un bar donde damos buena cuenta de varias cervezas y recorremos con la bici en la mano los apenas 200 m. que nos separan del hotel pasando por delante de la casa de Manolete, reconvertida en restaurante de lujo, (el portero negro, embutido en un frac de un blanco impoluto llama poderosamente la atención).
Hoy por lo menos no se nos ha hecho tarde y tras 62 km. 4:05 h. de pedaleo y 327 m.d.a., son las 12:30 h. cuando estamos registrándonos en el hotel, (no me lo creo), bajamos las bicis por el ascensor a un amplio salón en el sótano, nos duchamos y pedimos opinión al recepcionista donde comer.
Nos recomienda la “Taberna Góngora”, cuya especialidad como no puede ser de otra manera estando en Córdoba es el rabo de toro y además está cerca del hotel (lo que para J.C. es primordial).
Allí que nos vamos bajo el sol que no te deja vivir, tenemos que esperar unos 15 minutos tomándonos Ivo y yo unos finos, y cervezas el resto, el local está decorado con temas taurinos (Manolete es un ícono en su ciudad natal), ya sentados, tardan un poco en servirnos pero cuando lo hacen el resultado es espectacular, unas raciones gigantes y todo delicioso, el precio muy contenido, un lugar para recomendar vivamente.
Toca regresar al hotel y echar la correspondiente siesta que hoy es tremenda, (aún vemos la etapa de la Vuelta a España).
Ya con el sol más moderado, somos Ivo, Leo y yo los que nos acercamos al centro histórico para dar un paseo por la zona más turística, y de paso buscar una lavandería para el día siguiente, pasamos por un supermercado y nos agenciamos sendas botellas de agua de litro y medio (es el elemento esencial del uniforme “guiri”), damos con otra de las recomendaciones para tapear algo pero está todo petao y como estamos cansados lo dejamos para mañana y cenamos unas raciones en un garito cerca del hotel aprovechando para preparar la salida de la ciudad de la próxima etapa en la que tenemos dudas, al llegar al hotel lo comentamos con el recepcionista que nos hace un detallado plano de las direcciones a seguir.

Sábado 05 de septiembre: Córdoba

Es día de relax y visita turística, y aunque no pedaleamos tampoco nos levantamos tarde porque queremos aprovechar el “fresco” de la mañana, esta vez Juan Carlos se anima y empezamos nuestro particular tour turístico a las 8:30 h.
Por la plaza de las Tendillas con su estatua dedicada al Gran Capitán, vamos acercándonos a la zona más visitada de la ciudad, ya en la Puerta del Puente, cruzamos el puente romano (que no es romano), sobre el Guadalquivir hasta la torre de la Calahorra donde un tipo con un acordeón nos da la murga sin parar (tendríamos que habérselo tirado al río) y entablamos conversación con un ciclista de carretera que va siguiendo el recorrido de la Vuelta (mañana llega aquí), después toca desayunar en una cafetería/pastelería a la sombra de los muros de la Mezquita, unos capuchinos con dulces locales, sirven para recargar fuerzas, recorremos el perímetro exterior y los jardines (la entrada vale 20,7 €), a estas tempranas horas ya hay muchos turistas, el día ha salido cubierto y la temperatura es de 28º.
Vamos recorriendo el casco antiguo con sus calles estrechas, empedradas y llenas de bares, tiendas de souvenirs, hostales, y todo lo relacionado con el turismo, como no hace sol y no estamos cansados el paseo es muy agradable, acabamos saliendo por la puerta de Almodóvar con su estatua dedicada al filósofo cordobés Séneca y un tío tocando la guitarra para deleite de los “guiris”.
Nos sentamos a descansar en unos bancos a la sombra y J. C. decide dar la visita por terminada y se va poco a poco hacia el hotel, Ivo nos anima a seguir “turisteando” y recorremos el foso de la muralla que está ajardinado y con fuentes (muy chulo), vemos varias puertas más y volvemos a adentrarnos al barrio de la judería, vistamos la sinagoga judía (me acordaba de donde estaba a pesar de hacer bastantes años que no visitaba la ciudad).
Los turistas somos cada vez más y el calor empieza a apretar, vemos una taberna oscura con techos altísimos y cuatro parroquianos dándole al fino, decidimos imitarlos y descansar un poco, la taberna en cuestión (auténtica donde las haya, mesas y sillas de madera y una decoración de lo más escueta), se llama “Bodega Guzmán” y es la peña taurina del torero “Finito de Córdoba”, local centenario y de los más antiguos de Córdoba, dos finos y una cerveza tostada sin alcohol, unas olivas y frutos secos (9 €) y en el mismo meollo de la judería.
Decidimos ir al encuentro de Juan Carlos y en el hotel nos dicen donde comer en un restaurante que está en los jardines enfrente mismo (normalito).
Luego, siesta, colada, cena también por las cercanías y a dormir que mañana toca volver a currar.


Domingo 06 de septiembre: Córdoba – Porcuna.

Cuando estaba diseñando el recorrido, esta etapa me llevó mucho tiempo, pues había que unir Córdoba con Jaén y dado el desnivel acumulado que salía en todas las variantes que hice, opte por dividirla en dos y hacer noche en Porcuna, (aún así salían 63 km. y 1.000 m.d.a.), era la etapa con más desnivel aunque la distancia no era excesiva (el final fue muy distinto al planeado).
Son las 7:15 h. cuando el recepcionista del hotel nos hace la foto de salida, es noche cerrada y atravesamos las grandes avenidas casi desiertas (Córdoba tiene 324.000 habitantes) siguiendo las indicaciones que nos ha dado, el mapa a mano alzada y preguntando a los pocos que circulan a esas horas, logramos tomar la antigua N-IV, (mis planes eran evitar carreteras nacionales por el tráfico, pero esta se encuentra casi en desuso, frecuentada por ciclistas aunque el firme está destrozado, además al ser sábado las zonas industriales que atraviesa tienen poca actividad.
El primer objetivo es llegar a la localidad de Alcolea para desayunar y a la que llegamos tras recorrer 12 km. contentos y felices, después de llenar el deposito y volver a preguntar, reemprendemos la marcha hasta que la carretera se convierte en autovía y la tenemos que abandonar para coger ya las carreteras de la Diputación de Córdoba, estrechas, sin apenas señalización pero de buen firme y poquísimo por no decir nulo tráfico, (algún ciclista), de primeras nos encontramos con un cartel de carretera cortada a los vehículos y una subida de casi un kilómetro con rampas continuas al 12%, vamos por campos de cereales en continua subida, pasamos el desvío de “El Carpio” (ya me va sonando algún nombre), y en unos 9 km. estamos en Bujalance donde hacemos una parada muy necesaria porque ya hace mucho calor, barritas y cocacolas, rellenar bidones y en marcha.
Llevamos más de la mitad de la etapa, faltan unos 19 km. a Porcuna y el desnivel no se ve por ningún lado (en algún sitio tiene que estar), salimos del pueblo, giramos a la derecha y cometemos un grave error que pagaremos muy caro, tomamos la A-309, yo digo que tenía que ser la A-306, pero me dicen que en el bar les han indicado así y que no me estrese (al ser el organizador de los recorridos si que me siento a veces bastante intranquilo en cruces y demás), vamos en continuo descenso dirección a Castro del Río que no me suena de nada, pasamos por un desvío a “El Carpio” y ya se me encienden las alarmas (lo habíamos pasado antes de llegar a Bujalance), cuando veo que el Garmin me dice que vamos dirección. S.O. paramos y efectivamente, nos hemos desviado casi 12 km. en dirección contraria.
No queda otra que desandar hasta Bujalance y tomar esta vez si la A-306 hasta el próximo pueblo donde hemos quedado en hacer una última parada antes de llegar a Porcuna que es Cañete de las Torres (el último pueblo de Córdoba antes de volver a entrar en la provincia de Jaén), el termómetro lleva mucho rato por encima de 43º, venga Cocacolas (en toda Andalucía sólo en una par de sitios había de lata, todo eran botellines mínimos que te los bebías de un trago), salimos del bar y dudamos en un cruce de calles, total que Leo se va al suelo afortunadamente sin consecuencias (el peso de la e-bike más las alforjas hace que el control sea peor).
Desde Cañete se divisa Porcuna en un cerro pero no parece que sea para tanto, la carretera empieza un paulatino y suave descenso que se va convirtiendo en vertiginoso y faltando unos 6 km, empieza un durísimo puerto con pendientes que llegan a más del 9% (aquí estaba el desnivel que faltaba), dejamos la carretera y cogemos el desvío al pueblo con la esperanza de que suavice la pendiente pero es al revés, nos esperan desniveles más duros si cabe, subo a 5 km/h. dándolo todo, no me bajo por puro orgullo pero estoy tentado de hacerlo varias veces, ya en el mismo casco urbano la subida sigue siendo tremenda y en el primer bar que vemos echamos pie a tierra, llegamos todos con lo justo, a mí me tiemblan las piernas del esfuerzo, la última hora ha sido durísima por la pendiente y el calor que llega a 44º (hay que sumar los 24 km extra).
El bar es la estación de autobuses, son las 14:30 h., entramos y el personal se vuelve como si viera fantasmas (el careto que debíamos llevar), pedimos cervezas y se nos acercan varias personas para preguntar (Zaragoza, Ebro, ciclistas, etc.), poco a poco vamos volviendo en sí, las pulsaciones bajan y los grados de temperatura también, el contraste entre el interior y el exterior puede ser de más de 20º, encima nos enteramos que la etapa de la Vuelta a España ha sido acortada en 80 km, por el calor (son unos moñas).
Leo no aparece, le hago una llamada y al poco se reúne con nosotros, llamo al alojamiento y nos dice que vayamos cuando queramos, el pueblo está en la feria y a partir de las 16:00 h. ya no dan comidas, así que nos vamos a dejar las cosas, ducharnos y bajar a comer, digo bajar porque desde el bar al apartamento nos espera otro puerto “hors catégorie”, en el techo del mundo, callejeando entre las calles del pueblo (es increíble como está construido en la ladera, calcando el relieve fielmente) por fin nos detenemos y en la puerta del apartamento, llevamos 86 km, 5:30 h. de actividad y 810 m.d.a.
Es una sorpresa agradable lo que nos espera, pues en vez de una habitación cuádruple como había reservado, es un apartamento con dos habitaciones de dos camas, inmaculado, con aire acondicionado en todas las dependencias, y todo parece a estrenar (las bicis están a buen recaudo en la misma entrada), ducha y caminata (esta vez cuesta abajo) al restaurante.
La comida es pantagruélica, comemos y bebemos como si no hubiera un mañana, alguna foto y a sestear que nos lo hemos ganado.
Cada vez salimos más tarde a pasear (vamos aprendiendo), son las 21:00 h, cuando ponemos pie en la calle Ivo, Leo y yo (J.C. sigue cuidando su rodilla), nos vamos a la feria de una población de 6.000 habitantes que tiene todas las características de la feria de Sevilla en pequeño: un gran pórtico lleno de bombillas, carruajes y caballistas, (hay una profunda tradición ecuestre andaluza, con concursos de elegancia, y una arraigada cultura del caballo), carpas con música, casetas y una iluminación en las calles que se asemejan a las que ponemos aquí en Navidad.
La gente va de “punta en blanco” (nosotros parecemos auténticos “guiris”), paseamos con un calor del copón a pesar de la hora, lo mejor del paseo es un mirador desde donde se divisa una gran extensión de terreno, con las luces de Torredonjimeno y Martos a lo lejos.
Antes de volver, tomamos una cerveza y pregunto que si para volver a la carretera general hay algún atajo o tenemos que regresar por donde entramos, para nuestro pesar nos dice que hay que volver a salir por donde accedimos al pueblo,(o me expliqué mal, o no me entendió pero fue otro gran error que pagamos caro).
De camino al apartamento y a 50 metros del mismo, vemos una pizzería con no muy buenas pintas, alejada del bullicio festivo y sin nadie en su interior, como no tenemos que cenar, entramos sin mucha convicción y pedimos una par de pizzas medianas, llamo a J.C. para que baje pero no tiene ganas, tardan más de media hora en servirnos pero nos sacan unas pizzas excelentes, excelentes, cenamos los tres y aún le subimos a Juan Carlos un par de trozos (también le pareció muy buena) y una lata de cerveza, (2 pizzas por 14 € y las latas a 1,50 €), ni tele ni hostias, directamente a sobar.

Lunes 07 de septiembre: Porcuna – Jaén.


En el apartamento han tenido la amabilidad de dejar a nuestra disposición cápsulas de café e infusiones a pesar de no estar incluido en el precio, me tomo un café que me sienta estupendamente y tras las fotos de obligado cumplimiento, a las 8:00 h. estamos iniciando los dos km. de rápido descenso (ahora eres más consciente de lo que subimos ayer), que nos deja en la A-306 rumbo a Torredonjimeno.
Tenemos que terminar de subir lo que nos quedó pendiente ayer cuando nos desviamos al pueblo, con la mosca detrás de la oreja vamos subiendo penosamente las rampas al 7%, cuando efectivamente vemos un desvío con la señalización de Porcuna (estuvimos alojados bastante más altos de la coronación del puerto), nos hubiéramos ahorrado unos cinco kms. de los cuales casi la mitad son en subida.
Hemos tenido un buen despertar con esta bofetada mañanera, seguimos por territorio “comanche”, (no hay un metro plano, o subes o bajas), los siguientes 20 kms hasta Torredonjimeno son en continua y a veces acusada subida (sobre todo los cinco últimos con el pueblo a la vista y al que nunca llegas), la A-306 lleva bastante tráfico (se nota que es lunes), un ciclista de carretera con el que hemos charlado un poco antes, nos ha recomendado un sitio para desayunar y esta vez lo encontramos “fácilmente”, es una población con más de 13.000 habitantes con mucho movimiento y nosotros con las bicis, cargados y en continua cuesta, no somos muy ágiles al arrancar en los semáforos, desviarnos, etc.
Es el último desayuno que hacemos en ruta, tostadas con aceite y jamón, bollería y cafés varios, sólo faltan recorrer unos 500 m. (también subiendo como no puede ser de otra manera), para volver a encontrarnos con la Vía Verde del Aceite que tras 18 kms, nos llevará de nuevo a Jaén.
Como apunte decir que de los casi 500 m.d.a. del recorrido de hoy, están todos en los primeros 32 km, lo que da una idea de lo cabrón del perfil.
Ya en la Vía Verde, solo es dejarse llevar tranquilamente disfrutando y recordando por donde ciclamos en los primeros compases de la aventura hace ya siete días (se pasan volando), es un sentimiento contradictorio, estás contento de acabar y a la vez tienes un regusto de querer prolongarlo, llegamos a las 12:30 a Jaén con 36º después de 47 km y 3:20 h de pedaleo.
Foto de grupo para el recuerdo celebrando la llegada, y por este orden mientras nos dan las habitaciones: cervezas, vinos, cervezas, vinos, guardar bicis, hotel, ducha, comida (como la semana pasada, el menú es excelente de calidad, cantidad y precio) y siesta.
Por la tarde buscamos la oficina del parking donde dejó Leo el coche para ver si es posible alguna rebaja de la estancia, la encontramos pero está cerrada y será para mañana, por suerte está cerca del hotel, me compro unos caramelos en la farmacia porque tengo la garganta hecha migas de tanto aire acondicionado, hielo, bebidas frías, etc.
J.C. no ha bajado y lo llamamos porque hemos visto un kebab cerca, estando ya sentados pedimos cervezas (no tienen), pedimos de comer (de algunas cosas tampoco tienen), así que con las mismas, nos levantamos y nos vamos al Domino’s que está al lado, recordando la buena experiencia de las pizzas que nos comimos en Porcuna.
Para empezar, casi no somos capaces de pedir (nos reímos por no llorar), estamos rodeados de chavales (totalmente fuera de lugar), las explicaciones las cogemos a medias y al final pedimos casi a ojo (es lo que tiene ser “vintage”), lo único bueno es que la bebida era toda la que quisieras, pero las pizzas no se acercaron a las del otro día ni por el forro y sin más dilación nos vamos a sobar (sólo son las 22:15 h. pero estamos cansados).


Martes 08 de septiembre: Jaén - Zaragoza

Aunque no vamos en bici, también toca madrugar, nos espera una kilometrada y antes de subir a los vehículos tenemos cosas que hacer, recogemos todos los trastos que acarreamos (esta mañana es mucho más fácil), y bajamos a cargar las bicis a la furgo de Juan Carlos, mientras Leo se ha ido a negociar lo del parking.
Con la faena hecha: hotel pagado, bicis y equipaje cargado, toca desayunar, hacemos una llamada a Leo y ya viene hacia aquí (funcionamos como un reloj), lo primero son buenas noticias pues lo que iba a costar 150, se ha quedado en 70 euros.
Esta vez el desayuno es frugal cafés y bollería y seguidamente nos ponemos en marcha, hacemos la primera parada (por un antojo mío) pasado Despeñaperros en Manzanares, un pueblo/ciudad manchego de Ciudad Real con 18.000 habitantes, volvemos a desayunar/almorzar en un bar consagrado a la Orden del Temple, tanto por su cuidada decoración como por su nombre indica sin lugar a dudas: Cafetería - Churrería “El Temple”, (me tomo un chocolate con porras espectacular), después hacemos una breve visita turística a la localidad que tiene muy buen ambiente y una plaza con unos soportales muy chula.
Reemprendemos camino atravesando Madrid sin problemas y acercándose la hora de comer, hacemos un par de intentos en vano, (locales cerrados, descanso semanal, etc.) y al final J.C se acuerda de una vez, que pasó, viniendo de no se donde, que había un sitio, que no sabe si estará, si será por aquí, etc. etc. y ¡¡BINGO!!, cerca de un pueblo que se llama Saúco un bar/restaurante en medio de la nada en el antiguo trazado de la N-II, que se llama “Los Tomillares”, especializado en carnes de caza (tienen un matadero adosado al local), comimos bien y barato.
Hasta Zaragoza solo se puede destacar el monumental susto que nos dimos cuando le reventó una rueda a una camión que acabábamos de adelantar (Leo e Ivo se lo comieron), fue una explosión que nos sabías de donde venía, por suerte no pasó nada.
Llegamos al local, y la impresión al bajar del coche fue igual que la que tuvimos cuando hicimos el viaje de ida, la bofetada de calor aragonesa no tenía nada que envidiar a la bofetada andaluza, todavía no habíamos acabado de currar, pues hay que poner el porta bicis de Leo, descargar las bicis de la furgo y colocar el asiento que hubo que quitar previamente y volver a meter las bicis de J.C. y de Ivo.
Unas cervezas para relajarnos antes de despedirnos y cada mochuelo a su olivo (bien traído lo del olivo ¿eh?).

En resumen, hemos recorrido la Andalucía interior, la más alejada de los circuitos turísticos (con excepción de Córdoba) visitando las provincias de Jaén, Córdoba y Sevilla, las Vías Verdes del Aceite (Jaén-Puente Genil) y la Vía Verde de la Campiña Cordobesa (Marchena-Córdoba), túneles perfectamente iluminados la mayoría de las veces, infinidad de viaductos, kilómetros y kilómetros entre olivos, tramos buenos y otros no tanto, localidades enormes, pueblos y lugares pintorescos (Zuheros nos encantó), todos limpios y cuidados, estaciones abandonadas de las Vías Verdes reconvertidas en lugares de alojamiento y restauración cuidando todos los detalles en su decoración, hasta hemos visitado una auténtica feria en Porcuna, la gente nos ha tratado de maravilla siempre atentos y dispuestos a darte todo tipo de información que solicitabas, hemos comido y bebido bien y a precios muy razonables (nada que ver con los de aquí), no ha habido averías, ni un pinchazo, algún pequeño tozolón sin consecuencias, todo ello en condiciones muy adversas por las temperaturas soportadas, el día más caluroso del año en Écija, según AEMET, fue el 03 de septiembre con 45,1º, que coincidió con el de nuestra llegada (una diferencia de apenas 0,9º con lo que marcó el Garmin).
Cuando hace muchos años veía por las carreteras a ciclistas (generalmente extranjeros) que acarreaban alforjas a ritmo cansino bajo un sol impenitente, pensaba que yo ¡JAMÁS! sería uno de ellos, ese sufrimiento no estaba en mi zona de confort, pero desde hace un tiempo he descubierto que es la manera más fiel de recorrer y conocer España, (no me planteo de momento otros retos), de empaparte de verdad de sus paisajes, de sus gentes, su forma de hablar, de comer, etc. en resumen: me lo he pasado muy bien con mis compañeros a pesar de las desfavorables circunstancias en las que hemos realizado el viaje y espero que ellos también lo hayan disfrutado.
Pocas ocasiones se tienen de convivir tan estrechamente durante las 24 horas (durante tanto días) con personas a las que “sólo” te une la afición por la bici, al final dejan de ser compañeros para convertirse en algo mas y espero que ellos así me consideren.


DATOS TÉCNICOS



Distancia: 444 kms. Tiempo: 27:55 h. (16 km/h aprox.) Desnivel: 2.912 m.d.a.

Etapa más larga: 93 km. Etapa más corta: 47 km Media diaria: 74 km

Mayor desnivel: 809 m.d.a Menor desnivel: 324 m.d.a. Media diaria: 485 m.d.a.

Temperaturas más altas registradas cada día: 41º, 44º, 46º, 41º, 44º, 36º (Garmin 830)